Un espacio de mis locuras

Hasta el infierno por el chocolate.

Hasta el infierno por el chocolate.

No creo en el dulce, ni en lo oscuro que se vea.

No creo en la pasión, ni el gusto que produzca.

 No creo en su esencia afrodisíaca.

 Solo creo en cuanto  puede volvernos adictos.

Me bailan melodías, junto a la soledad que embarga este desquiciado ser.

Las noches solo se muestran lúgubres, no tienen piedad de esta pena, ni de mi ferviente deseo que me acompaña en este piano mientras le doy los últimos sonidos nocturnos.

Me abraza esta cálida velada, junto a una taza de chocolate que recoge estas amarguras y las bebo junto al aire frío que estremece mi piel.

El infierno que siento en tal agonía solo se alimenta con la silueta de una mujer que ronda la esquina de mi bañera, se pasea por cada rincón y pretende que no me dé cuenta, mientras aquí, junto a este exquisito chocolate se queda su otro aroma, uno de rosas.

Me arde que el recuerdo persista por más que el tiempo se vaya, este dolor insiste, así como me mata en este escritorio.

Empiezo por unas líneas que las envuelve el polvo, estas hojas arrugadas solo marcan el principio y el final de un amor.

Las vuelvo a leer entre lágrimas, estás solo bailaban a este ritmo de ensueño.

“Éramos aquellos niños que jugaban a quererse en esa tierra llena de flores, tu risa inundaba el ambiente tanto como para sonreír después de ti, los segundos se pasaban”

Evito llorar sobre este chocolate que se destiñe entre mi pesar, aquella mujer sigue sonriendo desde el cuarto de baño, quiero ir junto a ello, al acercarme solo me sonríe y desaparece.

¿Dónde estás amor?, ¿Dónde te fuiste?

Una vez más este sueño me persigue, me inunda la calma con esta afrodisíaca y simple bebida.

Necesito destrozar esta pequeña esperanza muerta que me entierra vivo, madrugadas frías es lo que estoy viviendo.

Mi rutina se está encerrando en revisar esas letras llenas de ácaro, tu fantasma baila a mi lado intentando fundirse en un abrazo, tu silueta de mujer se me acerca tratando de implorar amor.

Mi piano entona las notas más deprimentes, junto a esta bebida que se mancha en las sábanas con el ardor de esta pasión que aún está guardada, esperando tu regreso.

Eras la dueña de este amor, de este ser que ya no tiene vida desde que te marchaste.

Tanta locura que me llevo a pecar, gracias al aroma de un bombón, fragancia propia de ti.

Perfecta armonía emanabas cada día, intensa poesía me decías día a día.

Intento escribir una vez más, y agoniza mi alma, se endurece mi corazón, sollozo como niño y no puedo escribir ni siquiera una palabra, solo nace de mí, un deseo de morir.

En mi cocina brilla como diamante un cuchillo, sonríen los cuadros de ella, con ternura y calma lo sujeto y lo llevo hasta mi pequeño rincón, donde permanece mi chocolate caliente, hojas de papel y una bufanda con su eterno olor.

No dudo en ningún instante de voltear a todos los lados, crear un escenario feliz e imaginar que ella está llamándome con esa pícara sonrisa.

Siempre quise escribir y estoy seguro que alguien encontrará estas hojas llena de un color oscuro, con partículas desagradables y leerá estos últimos renglones.

“Hasta el infierno por el chocolate”

cafe tabaco

Espero que estos pequeños renglones sean de su agrado.

Un abrazo 🙂

– Annette C.M ❤

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