Un espacio de mis locuras

Una boda más [Relato corto]

Últimamente estoy escribiendo en wattpad, y a la vez iniciando nuevos proyectos.

Aunque me he involucrado más en cuanto a lo que es Relatos Cortos.

Por tal razón les dejo “UNA BODA MÁS

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UNA BODA MÁS.

Una boda debe ser el día más agradable, sin duda para muchos es inolvidable.

Alisto la maleta, para encontrarme con una prima en mi despedida de soltera, está debe ser la más sonada entre mi caótica familia.

En todo el camino, solo imagino en lo que preparó Juliana, al menos conoce lo sencillo y exagerado que son mis gustos.

—¡Deseo cumplido! — Escuché al llegar a la casa de mi última perdición.

Luces apagadas y de momento ya eran psicodélicas, inundando la alegría y el calor del momento.

En pequeñas momentos circunstanciales, pensé en retirarme; pero la picardía estaba a mi favor.

Todas mis supuestas invitadas situaron los ojos en mi vestuario, indicaron que era común y me encontraba muy cubierta, por lo que decidieron colocarme ropa ligera, simplemente accedí.

Un mendigo con intento de acento Holandés, apareció envuelto en una caja, como el más patético regalo.

No sé quién pudo crear a tal ser con poco pudor. En fin de cuentas aquella inversión humana, fue usada como un simple objeto. Uno más de esa reunión de señoritas poco comportadas.

Aún recuerdo su estúpida cara de felicidad, que tenía mientras disfrutaba con todas mis amigas. Su trabajo le pareció divertido, supongo que para el tendía a ser un elixir de vida, al tener tantas mujeres que complazcan sus bajos instintos. Como todas devoraron a ese hombre en apreciación delirante de ser un manjar  vulgar de fiestas coloquiales, faltaba la futura novia que de la última probada, más bien la sobra de ese exhausto ser.

Vaya que fue así, el muchacho estaba con decisiones deplorables, susurró palabras irreales, intentando ser poeta, con basura que seguro leyó mientras caminaba por la vereda asquerosa que transitaba a menudo.

Repulsión y asco, así se llenaron mis ojos al tenerlo cerca, si la reunión ya me fastidiaba, ese sujeto más. Imaginé todo, menos un hombre con aires de galán.

Dirigiendo sus manos a mi cintura, me dijo con su putrefacto aliento “Hermosa dama, acompáñeme a aquella habitación en esta hermosa velada”

Sí, no podía ser peor.

Lo acompañé, resultó gracioso. Charlamos un poco, mientras le contaba que me casaría y que a  mi novio le gustaría una boda como las hindús.

Él no comprendía, ni conocía del tema. Así que inicié a comentarle tal ritual.

<< Las bodas hindús tiene una preparación que lleva de tres a cuatro días, cuando el novio acepta a la chica, coloca un collar de rosas blancas con rojas, enseguida de este acto, lanza un polvo rojo sobre su cabello para que todos noten que ya es una mujer casada, finalmente la ceremonia termina con lluvia de granos de arroz, en señal de prosperidad>>

Sé que resulta patético, al menos para mí.

Hernán, mi acompañante y regalo poco atractivo, solo se atrevió a preguntar “¿qué tiene de malo?”

—¿Puedes  ayudarme a darle un regalo a mi novio?

—¿Cómo? —dijo.

Susurré en su oído mi dulce plan, no olvidé ningún detalle. Al principio no quiso ayudarme; pero lloré amargamente mientras le decía que era importante para mí darle ese obsequio, mi romance no era muy bueno con él, y de alguna manera ese detalle sería especial.

Prometió ayudarme, pero pedía algo—típico, siempre quieren algo a cambio—, escuché esa propuesta… Pero, ¿quién pide una cena un domingo por la noche? —Solo Hernán—.

Accedí una vez más.

Fue agradable que aquel hombre, esa noche lucía encantador, todo un caballero, no era ni el rastro de aquel mendigo, vagabundo, que muchos catalogaron como bastardo. En serio, se lo veía apuesto y muy provocador. Cenamos y discutimos el tema, cena liberadora de mi tirano, futuro esposo.

Mi apuesto galán—apuesto en la cena—, me contó que aquella cena era un vil capricho, ya que una mujer lo había plantado allí y no quería quedarse con las ganas de disfrutar una afable compañía.

Segundos extras, acabó la cena y al dirigirme a mi departamento solo pensaba en una boda más que sería patética, sin amor y sin futuro.

Hernán suspiró mucho durante la cena y por otro lado yo pensaba en Julio, mí gélido novio.

Rayando la aurora, me indica que el gran día llego. —Que emoción—, Juliana me ayudó con el vestuario y como la dulce melodía de política me dijo “Eres la novia más hermosa del planeta”.

Gesticulé un gesto apenado ante aquel elogio; pero  sin duda fue hermoso.

Julio, esperaba en el altar con una sonrisa que se notaba como si estallara una bomba de alegría. —detonación salvaje expresaba—

Yo… solo caminaba lentamente y no tenía intención de llegar a sus  brazos. Al sonido de la música y las melodías agonizantes de mi corazón, llegue a su lado.

Ciento cincuenta invitados presenciaban el día más feliz —eso decían—, e inolvidable de mi vida.

Ante un “Acepto”, quedo pactado nuestro futuro juntos, momento que todos esperaban y llenaron de felicitaciones a los novios, que bailaban ante las notas picaras y con otro próximo sabor que solo en mi nacía.

Junto a la calidez de mí ya, actual esposo, solo quise dedicarle el esperado detalle.

—Amor, quiero darte mi regalo de bodas que he preparado con tanta dedicación. —le dije.

Julio entusiasmado me pregunto enseguida de que se trataba.

Bajito le dije… ¿Recuerdas el final de las bodas hindús?

El sonrió y dijo que sí. —Los granos de arroz—.

Con la devolución de otra sonrisa, lo besé y llamé la atención de todos mis invitados, indicando que anticiparía mi sorpresa de noche de bodas, justo también me ubicaba en un lugar estratégico de aquel lugar que para fortuna, era alejado y el aire libre. —Épico—.

Tres palmadas y con un tono burlesco dije:

“Mi amor… Feliz eterna libertad”

Enseguida una lluvia de cuchillas atinaron a cada uno de mis invitados, fue la lluvia más próspera, desde un rincón mire como cada uno caía lentamente, tan frágiles, uno a uno gimiendo por cada que atravesaba un objeto corta punzante en su cuerpo.

A veces me pregunto, cuantas cuchillas usó Hernán, para que todos quedaran abrazados sobre el césped, dándole un color rojizo con olor a pasión.

Debe ser porque, esta preparación llevó cuatro días, como las bodas hindú que mi amado quiso con tanto fervor—deseo cumplido—.

Julio recibió una muerte especial, parte de esta lluvia, se reflejaba como en la sien quedo incrustada una de estas letales y adorables muestras de afecto. —Brutal lanzamiento estratégico—

Como todo no puede ser perfecto, el estúpido y exagerado de Hernán abrazó la luz fría junto a los invitados de mi escandalosa boda. Aún sigo preguntándome… ¿me amaba aunque lo haya dejado plantado la primera vez en aquel restaurant?

Mediocre, sin duda. Su capricho de consuelo, duro poco. Al menos dejó este mundo con la sensación de cenar conmigo.

No puedo llevar a cuestas tantas muertes, en mi memoria yacen los recuerdos  de todas las personas que sufrieron por mi eterna libertad.

A veces pienso que Julio, debió de ser comprensivo y no un machista agresor, —tormentoso infierno—, tal vez debí arreglar las cosas. Unas cuantas palabras hubiesen evitado ese pequeño error, me olvidaba mencionar que Juliana presenció todo, pero dejar testigo de aquella boda .era una estupidez. Me encargué de ella después.

En fin, aquí con un bostezo solo me queda decir que fue una boda más, asumo que tras las rejas no podré casarme más.

Así como creo que mi eterna libertad, quedó solo por momento, sin embargo aún siento tenerla.

Iré por una boda más, si de aquí salgo ilesa.

Con felicidad y un encuentro de esperanza.

-Paula.

te tengo una sorpresa mi amor

Espero les haya gustado 🙂

Un abrazo.

Annette C.M  ❤

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2 thoughts on “Una boda más [Relato corto]”

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