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Círculo vivo

Madrugadas tibias

El pecho se atasca en un momento,

la respiración colapsa,

la angusta no se calla

y así empieza el ciclo:

frustración, miedo, sentimientos de terror,

todo se rompe dentro,

no se sostiene el pecho,

se derrumba el corazón,

es como si la angustia acuchilla.

Y no se puede más.

No se calla más nada en la cabeza.

Y hay miles de ciclos:

se sacude todo, ruegas que se callen las voces,

los impulsos quieren ganar,

ruegas que se detenga.

Y colapsas hasta caer, otra vez.

Cuando reacciones solo hay vergüenza, más miedo,

culpa, no sabes qué pasó

y así otro ciclo empieza.

Un agotamiento de vida interminable,

una tristeza galopante en el cuello,

y ruidos de culpa en el cuerpo.

Y ya no hay más.

Lloras por escapar y ruegas que no

empiece otro ciclo.

Nota: seguramente estas línea no se entiendan del todo.

Pero son procesos dentro de la…

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En los días grises

Madrugadas tibias

Quiero ser las cuatro paredes de tu cuarto,

los silencios de tus pensamientos,

el murmullo de tu alma inquieta.

Quiero ser la sonrisa que alegra tu mañana,

el resplandor que entra por tu ventana,

el buenos días con el que empieza tu día.

Quiero ser quien te mire caminar y te de la mano,

quien cuide de tu corazón cansado,

quien saque las lágrimas de tus pasos.

Quiero ser quien te hable bajito en noches tristes,

quien te de algo caliente en días grises,

quien cuide de ti cuando estés ausente.

En los días grises quiero ser

el hombro en el que llores,

el pecho en el que esté tu casa,

el mundo donde se resguarde tu alma.

Quiero ser el pasillo que tenga salida,

el laberinto que te de una esperanza activa,

el sol que te queme y te devuelva la vida.

Sin embargo y pese todo sé que…

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Diaria - Annette C.M

Acompañarse a uno mismo

Acabo de leerme.

De leer la pestaña de mi blog “Escribo para revivirme”

Y la verdad no sé en qué bache estoy.

Entré en un torbellino de emociones constantes, y a veces me planteo dejar todo tirado y ya no hay más. Pero siempre digo por qué no darme otra oportunidad.

Deseo alejar las primeras lineas y concentrarme en algo más positivo.

¿Cómo están?

Esta pandemia nos agobia a todos, leí que hay muchos escritores bloqueados y muchos otros produciendo. Yo estoy en un bache, pero quiero saber que están bien.

Si sienten que todo se está arruinando. Respiren, suspiren , cierren los ojos y a cambiar las ideas rebeldes.

Si sienten que no pueden más con el encierro, el ambiente lleno de caos. Piensen que es un día menos de esta pandemia.

Si sienten que su animo no da más, salgan a caminar por su patio, su portal, abran la ventana y piensen que aún podemos ver el cielo.

Si sienten la necesidad de hablar con alguien, hagan esa llamada pendiente, busquen ese cuaderno olvidado y escriben o hablen con ustedes mismos qué creen que siga minutos después. ¿De qué lado dormiré hoy? ¿y si leo con una vela encendida? ¿Y si hago algo caliente para dormir?

Aprendamos a sorprendernos, creo que así podremos lidiar con el agobio, y a su vez identificar esos bajones repentinos en cualquier momento.

Creo que después de esto nos conoceremos mejor y aprenderemos a acompañarnos a nosotros mismos.

Les eché e menos, espero que se cuiden mucho.

Les quiere,

Annette

hoja verde en plato de cerámica blanca

Diaria - Annette C.M, Rápidos post

Feliz año

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Hola, desde este rincón del mundo quiero desearle desde ya:

Feliz año y que sea un próspero 2020.

Un año lleno de sueños, proyectos, metas, risas, emociones varias, amor, esperanza y que sigan creyendo en ustedes.

Tenía pensado un resumen breve del 2019, pero no hace falta. Ha sido difícil este año y deseo ponerme optimista y recargarme para volver a empezar.

Creo que nunca es tarde para volver a empezar, a pesar que temo. Pero siempre tememos a lo nuevo, a los cambios y a las decisiones.

Espero que este 2020 les vaya maravilloso y sonrían mucho.

Ojalá el blog y yo nos renovemos. He pensado una vez más en contenido para él y espero estar más presente, ya que las heridas de este año están sanando y solo tendré (espero) que convivir con ellas.

Gracias una vez más para los que han estado, los que se quedan, los que no abandonan. Gracias por todo.

MUY FELIZ AÑO

Les propongo escribirse cosas para el año entrante y vean cómo han sido, de dónde vienen y a dónde están yendo.

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Diaria - Annette C.M

Feliz navidad

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No quería dejar pasar este año y dejarles mis mejores deseos.

Gracias por este año lleno de emociones distintas.

Gracias por estar este año lleno de altibajos y por mandarme ánimos desde lejos, seguirme leyendo y apoyando.

Gracias por estar, por quedarse, por estar ahí.

De mi parte les deseo las mejore sonrisas.

Lo mejor del mundo.

La felicidad en el corazón.

Las sorpresas que emocionas.

La calma en tiempos de tormenta.

Los cariños en todo momeento.

Les deseo lo mejor del mundo y que venga siempre lo mejor.

FELIZ NAVIDAD

Espero que este año sea de dicha, prosperidad y felicidad para ti y tu familia.

Christmas tree with turned on mini string lights near wall of pictures

Que Dios ilumine y bendiga sus vidas.

Conóceme un poco. - Annette C.M, Obras de Annette C.M

Curiosidad defectuosa (Crónica)

Hoy quiero compartirles una crónica intimista de abuso que hice en la clase de periodismo y géneros narrativos.

Quiero darle las gracias a Cora Gornitzky porque sus clases me motivaron. y me ayudaron a entender que la culpa nunca fue mía.

A mi esposo por contenerme en el proceso.

A mi madre y mi hermana por lidiar con mis pesadillas siempre.

A amistades y conocidas que fueron sostén mientras escribía y luego fueron ojos, lágrimas y abrazos: Mailén, Vicky, Zahira,Martina, Ileana, Juana y Sofía.

A Galaxia, mi gata, ella me ronroneaba cuando lloraba en la edición del texto.

Y a Thelma Fardín que aunque nunca lea esto, ella hizo que explotara esta bomba dentro mío y saque esta crónica para la clase.

Y seguramente olvido a alguien,perdón.

Gracias por estar.

CURIOSIDAD DEFECTUOSA

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A mis 7-8 años

De pequeña siempre fui muy curiosa, cualidad que a veces desagradaba a mi madre. Mi curiosidad era devoradora, y la biblioteca de mi mamá es un testigo fiel de las tardes que pasé ahí con una limonada, o de los días de locura en los que desarmaba todo para arreglar cada pasta maltratada, limpiar cada lomo viejo, hasta poner en orden cada página suelta. Era mi pequeño refugio que cada día tenía necesidad de crecer. Refugio que nunca pensé que iba a dejar, pero se fueron conmigo los recuerdos en la maleta a Buenos Aires.

Llevaba conmigo un corazón extasiado, abrazaba unos deseos insaciables de conocer otra parte del mundo. Al llegar a Argentina yo solo volví a nacer y me juré crear mejores recuerdos.

***

Desde un 12 de agosto de 1996 el mundo sabe de mí. Guayaquil fue la tierra que me vio nacer, y la que añoro ahora que estoy lejos. Mi madre nació en otra provincia, un pequeño lugar que se llama Vinces, más conocido como París chiquito. Ella es una mujer pequeña de estatura y grande en convicciones que dejó su ciudad a los 13 años para mudarse donde nací yo. Esa edad en la familia es una llena de inquietudes.  En el camino tuvo muchos pesares y cuando fue mayor se formó como docente de Ciencias Naturales, y también cultivó la frase “Siempre tendré la razón”. Ella nunca admite que se equivoca, y siempre hice lo que le parecía correcto por miedo a no ser una buena hija. Cuando era pequeña le tenía miedo, siempre la veía molesta, pero ahora entiendo que hacía lo que creía correcto. Ella se hacía cargo de todo porque mi padre estaba ahogado en sorbos de alcohol o alguna nueva droga.  Mamá era muy conservadora, me hizo prometer que no tendría novios hasta los dieciocho años, que no debía tener amigos porque todos los hombres eran malos y solo querían tu cosita, así le decía a la vagina.

Por supuesto aterraba la idea de no saber en quién confiar, pero me lo puso fácil. Decidió inscribirme seis años en un colegio femenino, así estaría lejos de manoseos, o de rupturas amorosas esporádicas. Sin embargo llegué a pensar que no solo los hombres eran malos, sino las mujeres también y me dejó claro algo: la amistad no existe y llorar es de débiles.

Odiaba verme llorar si alguien me lastimaba. Quizá solo quería que nadie me haga daño, y por mucho tiempo llevé sus frases como un tatuaje en el pecho. 

***

Cuando tenía trece años la curiosidad estaba con llamas en mi interior. Veía a todas mis amigas hablar de sexualidad, fiestas, diversión y amigos. Mientras que yo no podía ni salir sola a la tienda que estaba en la esquina de la  casa. Hasta para pedir un permiso debía solicitarlo con un mes de anticipación y con altas probabilidades que la respuesta sea no. Y ese no, era un no rotundo, porque si insistía me regañaban. 

Ahora me pongo a pensar  ¿era bueno eso?, solía decirme que las hijas de Dios no debían juntarse con la gente del mundo. 

Me congrego desde los cinco años en una Iglesia cristiana. Ella en ese entonces no era una fiel seguidora, por eso me llevaba mi niñera. Mamá había deseado que nazca, solía contarme que me encomendó a Dios cuando no podía tener hijos. Esa historia la conocí después del primer intento de suicidio que tuve a los trece años. Para ese entonces pensaba que la madre estricta, conservadora y con ideas radicales que tenía no me quería. Después de tantos líos que según ella, propios de mi edad me dio más muestras de amor.

Un día, mientras arreglaba un viejo velador encontré un pilón de revistas y libros viejos, no eran libros como los de la biblioteca al estilo de enseñanza como anatomía, biología, literatura, apuntes de la universidad de mamá o ética, y buenos modales (libro que leí casi obligada), estos estaban cargados de historias. Era otro tipo de literatura, pero también había una más explícita. Como de costumbre limpié bien los lomos, luego la tapa, y uno de ellos se titulaba “Cómo hacerle el amor a un hombre”. Fue un curioso despertar.

Recuerdo que mi madre me había dicho que ella arreglaría eso y que lo dejara como está. Escondí el libro entre mis cosas.

Eran las 8 a.m. de un lunes del 2009, mi madre trabajaba cerca de casa y tenía que irse al trabajo, entonces yo me quedaba sola en casa para ir al colegio por la tarde. Apenas se fue saqué el libro y me quedé fascinada. El libro en cuestión no narraba a ciencia cierta cómo darle placer a un hombre, en lugar de ello mostraba cómo darse placer primero, siendo así la forma de conocerse y conectar con otra persona. Mi madre siempre me había dicho que debía guardarme hasta el matrimonio y que quienes se tocaban eran sucias. Así era su respuesta ante la masturbación. Y qué horror la cara que ponía cuando le hablaban de sexo oral. La autora del libro lo narraba  con mucho detalle, tanto detalle que meditaba en ciertas cosas que jamás hablaría con mi madre. Leí el libro varias veces, pero siempre dejaba de lado el capítulo de sexo oral, pensaba que con ver la cara de mi madre bastaba para tener asco.

Cuando lo leí no paré de llorar… me senté al filo de la cama, encogí mis piernas y me abracé tan fuerte para juntar mis partes rotas. Eran las 11 a.m. de un viernes, tenía que irme al colegio y me pesaba existir. Había descubierto que a mis siete años el hijo de mi niñera me obligó a que le haga sexo oral.

Ese viernes fui a bañarme al patio, y me recordé a mí a los siete años con dolor de estómago y vomitando. Recordé que ese individuo me había dicho que nadie me iba a creer si le decía a mi mamá. Mi cabeza empezaba a recordar tantas cosas, el agua se deslizaba por mi cuerpo y yo solo quería abrazarme y gritar. Quería gritar tan fuerte hasta vaciarme. Mi mente se quebró también y trajo todos los recuerdos de golpe. Veía escenas de mí implorando que me dejara, y me sentía con miedo. Recordaba la puerta café de esa habitación y los juguetes bien arreglados sobre la mesada y lo recordaba a él que por desgracia lo seguía viendo a diario cada que frecuentaba la casa de quien fue mi niñera. Incluso él solía ir a casa cuando estaba sola porque me calentaba el almuerzo.

Abandoné el libro entre una pila de revistas, y ese día fue la primera vez que llegué tarde al colegio. Siempre pensé que no tenía que ir a clases, pero mi mamá decía que aunque estemos arrastrándonos no podemos faltar a nuestras responsabilidades, y aún estaba bien, solo tenía la mente en otro lugar. En un pasado que pensaba que no era tan malo.

Después de ese día las cosas no fueron iguales. Tenía muchas pesadillas cada noche, se repetían una y otra vez. Amanecía gritando y llorando. Y mi ánimo flaqueaba mucho.

***

Llegaron los catorce años con la mente aún atormentada, empezaba a enamorarme y a salir a escondidas de mi mamá. Pero al final del día le terminaba contando porque me pesaban las mentiras y ella me daba largos regaños. Estando sobre esa edad pesaba el accidente de auto que había tenido, y las terapias físicas eran la compañía de mis tardes. Fue la primera vez que me deprimí  tanto que dolía vivir. Dolía saber que existía, y dolía más tener que guardar reposo por la medicación y encima soñar con mi pasado. Mamá siempre preguntaba qué me pasaba, y siempre pensó que eran cosas de la edad. Que solo llamaba la atención para que deje de trabajar, que ya se me iba a pasar. Pero, ¿cómo decirle que mi mente estaba atormentada por eso que tanto asco le daba? ¿Cómo decirle si ella quería tanto a ese tipo? ¿Cómo decirle sin que se enoje conmigo? ¿Cómo contarle mi dolor sin que le duela a ella?

¿Cómo decirle que no deseaba vivir?

A los quince años se lo dije. Un día en clases de anatomía descubrí que no podía más. La profesora empezó a hablar de sexo y cuando tocó el tema de sexo oral, tuve que pedir permiso para ir al baño a llorar. Había descubierto que estaba saturada.

Salí del colegio y todo el camino en el bus fueron lágrimas. Al llegar a casa vi a mi mamá lavando en el patio unos interiores a mano. La saludé, fui a sacarme el vestido que llevaba por uniforme, di un par de vueltas, y enseguida me senté en el umbral de la puerta mirándola. Ella sonreía y en mi cabeza intentaba ordenar las ideas. La planta de mango que estaba atrás de ella se movía con tanta intensidad que las hojas caían para que el gato pueda escarbar después, los pajaritos cantaban y se comían las cirguelas vecinas. El agua con jabón se deslizaba en el burro de lavar como le decíamos. Y mama tenía el pie izquierdo sobre el burro como si así fuera el equilibrio para lavar, y mientras restregaba las prendas movía su largo cabello ondulado mientras silbaba alguna canción. Esa tarde me vio muy silenciosa, siempre se ha jactado que hablo hasta por los codos, pero ese día estaba apagada, entonces se sentó junto a mí y me preguntó qué me había pasado. Suspiré hondo y le rememoré desde aquel día que estaba la casa en construcción. Aquel día llovioso que llegué con dolor de panza. Curiosamente lo recordó y le conté que ya sabía por qué el dolor de barriga.  Le conté que ya no quería ver más a Adrián, porque me había obligado a que le succionara el miembro. Llorando mencioné  que me sentía culpable y no sabía por qué. Mi madre lloró. Fue la primera vez que veía llorar a mi madre.

Me pidió disculpas y se sentía culpable por haberme dejado tanto tiempo sola. Esa tarde con el alrededor tan sereno fue la primera vez que lloré con mi madre. Y cada que recuerdo ese día es como tener marcada una postal en el corazón de nosotras abrazadas llorando, y después de ese día ella cambió. Fue más abierta al diálogo, consolaba mis noches de pesadillas, y nunca me obligó a ir al psicólogo. Nunca quise.

Creía que la escritura me salvaría, y ella creyó que tenía que acercarme más a Dios para que sane mi dolor. Y lo hice, lo seguí; pero la herida se abre cada tanto.

***

Siempre supe que me iría del país. No sabía cuándo, pero de alguna forma estaba escrito. Cuando lo supe hablé con la señora que fue mi niñera, y le conté lo que Adrián me hizo. Sus palabras fueron un puñal que me atravesó:

olvídalo. Ya pasará.

Él era un niño que no sabía lo que hacía. Así son los hombres.

Creo que nunca olvidaré esas palabras, ¿acaso debía ser que le dé placer a un tipo dieciséis cuando yo tenía siete?

Después de escucharla no supe si tener coraje o pena. Ella vive hasta hoy naturalizando el maltrato, los abusos, y justificando el machismo. Sus hijos la tratan mal y su esposo peor. Cada día para salir pinta sus cejas con mucha dedicación, ya no tiene vellos en esa zona porque su esposo cuando recién se juntaron la estrelló contra la pared.  Para ella así son los hombres y la mujer debe acatar todo lo que el marido diga. Escucharla es aterrador. En Ecuador escuchar muchas mujeres es doloroso. En la región Sierra tienen un dicho: Aunque mate o pegue maridito es.

Los datos de UNICEF  Ecuador mencionan que: de acuerdo a la Encuesta Nacional de Violencia de Género y la Agenda Nacional de las Mujeres e Igualdad de Género (2014-2017), 6 de cada 10 mujeres han sufrido algún tipo de violencia: psicológica, física, sexual y/o patrimonial; y 1 de cada 10 ha sufrido abuso sexual antes de cumplir los 18 años.

Recuerdo que antes de despedirme de ella me dijo que lo visitara en la cárcel y que le pidiera perdón por el rencor que le tenía. Que no debía irme así.

Estando a días de volar a Buenos Aires cuando me dijo eso empaqué ese mal recuerdo. Con los ojos llenos de lágrimas le dije bajito que esperaba más de ella. No olvidaré sus ojos marchitos, porque aunque me duela también la quiera. Ella estuvo en gran parte de mi infancia y tengo muchos recuerdos con ella. Más de una vez también presencié los golpes que le dieron y las veces que me abrazó para que no me asuste.

***

Tengo veintidós años y la herida nunca estuvo bien cerrada. Ya no vivo con mi madre y ahora mi esposo consuela esos días pesados. Hace dos años vivo en Buenos Aires, pero siento que no dejé nada en Guayaquil sino que traje todo conmigo. Y cuando vuelva todo seguirá así mismo. La única diferencia es que yo ya no soy la misma.

Por otra parte sigo rehusándome a ir con el psicólogo. He aplacado el dolor con cartas, escritos y poemas, muchos poemas  porque  de alguna manera me sigue pareciendo que no puede ser tan grave, pero ¿por qué duele tanto?

(…)

Y ahora solo recuerdo

que la bestia existió,

abusó de una niña de siete años,

y se marchó.

Ahora solo me da pena la niña

que es grande ya.

Y ahora solo sé,

que esa niña fui yo.

Y lloro, juro que lloro.

Porque todas mis bestias salieron

 al recordar que existió una de verdad.

He soltado los viejos poemas, dejando que el silencio me acompañe y trasmita calma, pero las lágrimas empiezan a rodar una vez más. La sutura nunca estuvo bien hecha y rebuscar entre los escombros aviva el dolor. Es 20 de noviembre son las 23 horas, suena una música cálida de Kurt – sonreír y yo no sé si la puerta del descubrimiento es la curiosidad o si realmente la curiosidad es un defecto.

Tampoco sé si quiero que siga doliendo.

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Rasguño

Madrugadas tibias

person raishing his hand

Y pisé fuerte como pude

para no caer,

ardí entre llanto salvaje

para no volver.

Rompí las muletas

para no correr,

desgasté tus dedos

para no tocar.

Y mordí las cuerdas

para olvidar,

corté la piel

hasta sangrar.

Y me perdí en un vacío,

envuelta en sangre,

con papeles y recuerdos

tanto como quise.

Y sangré tanto como el corazón,

golpeé hasta gritar un amanecer,

y lloré por caer de nuevo, porque

me olvidé otra vez.

Y fue tan fácil volver a caer,

tan fácil desgarrar,

arder, llorar, y quebrarse,

fue tan fácil volver a morir.

Y sangré tanto como un mar,

golpeé con la rabia encogida,

ardí y lloré hasta envolverme,

y sangré hasta volver a verme.

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Mate

Madrugadas tibias

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Amanecí añorando,

el mar entre mi cuerpo,

la brisa sobre mis cachetes,

y el sonido de la hamaca.

Desperté con la sensación

de un bollo de pescado,

y el olor del maní recorriendo

mis papilas gustativas.

Y reaccioné…

seguía en Buenos Aires

oliendo medialunas,

rebuscando la bombilla para el mate.

Y rebusqué más,

ya no estaba yo.

No sabía quién era,

no reconocí el espacio de tiempo.

Amanecí añorando,

el bolón con café,

el encebollado con chifle,

y el calor de Guayaquil.

Desperté con la sensación

que nunca me fui,

y que siempre estuve ahí

abrazando pedacitos de mí.

Y rebusqué la bombilla,

cebé un mate más

y pensé que tengo más aquí

de mí de lo que creí.

Annette C.M.

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Cascarón despintado

Madrugadas tibias

person sitting in white bathtub

Y no me acuerdo más,

ni de la vida, ni las

luces de esperanza.

 

No me acuerdo de las torturas,

pero si de las cicatrices,

y las heridas abiertas.

 

Me olvidé de los colores

con los que pinté

tantas sonrisas.

 

Ha quedado solo esto:

un cascaron intentando

mutar, o revivir.

 

Y ya no hay nada

aquí dentro,

me perdí en algún mes.

 

Ha quedado solo esto:

un ser desdichado,

infeliz y despojo social.

 

Ha quedado la parte

más tenebrosa de un

cascarón despintado.

 

Y no me acuerdo más,

ni qué hacía, ni quién era,

ni cuando morí.

 

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Dedos suicidas

Les comparto esta entrada de mi blog de poesía

Madrugadas tibias

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Y si te llegas a morir

no la culpo a ella.

Y si llegas a morir

no te culpo a ti,

ni culpo a la vida,

ni a la cabeza de arrebatos.

Y si te llegas a morir,

no tengo a quién culpar.

No tengo dónde buscarte,

no tengo dónde llorarte.

Y si te llegas a morir,

no culpo a nadie, ni siquiera

a tus manos manchadas de sangre,

ni siquiera a tus lágrimas de angustia.

Si te llegas a morir,

guárdame un lugar en

la memoria muerta.

Y huye mientras puedas.

Huye que te alcanza la pelona,

huye que te persigue el diablo,

Huye por si llegas a morir.

Huye como siempre.

Y si te llegas a morir,

Estaré devastada,

Estaré arruinada.

Pero no culpo a tus dedos

suicidas, ni culpo

a tus miedos galopantes.

Pero ya es tarde.

Estoy devastada, arruinada,

jugando al equilibrio emocional.

Al borde de…

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