Conóceme un poco. - Annette C.M, Obras de Annette C.M

Curiosidad defectuosa (Crónica)

Hoy quiero compartirles una crónica intimista de abuso que hice en la clase de periodismo y géneros narrativos.

Quiero darle las gracias a Cora Gornitzky porque sus clases me motivaron. y me ayudaron a entender que la culpa nunca fue mía.

A mi esposo por contenerme en el proceso.

A mi madre y mi hermana por lidiar con mis pesadillas siempre.

A amistades y conocidas que fueron sostén mientras escribía y luego fueron ojos, lágrimas y abrazos: Mailén, Vicky, Zahira,Martina, Ileana, Juana y Sofía.

A Galaxia, mi gata, ella me ronroneaba cuando lloraba en la edición del texto.

Y a Thelma Fardín que aunque nunca lea esto, ella hizo que explotara esta bomba dentro mío y saque esta crónica para la clase.

Y seguramente olvido a alguien,perdón.

Gracias por estar.

CURIOSIDAD DEFECTUOSA

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A mis 7-8 años

De pequeña siempre fui muy curiosa, cualidad que a veces desagradaba a mi madre. Mi curiosidad era devoradora, y la biblioteca de mi mamá es un testigo fiel de las tardes que pasé ahí con una limonada, o de los días de locura en los que desarmaba todo para arreglar cada pasta maltratada, limpiar cada lomo viejo, hasta poner en orden cada página suelta. Era mi pequeño refugio que cada día tenía necesidad de crecer. Refugio que nunca pensé que iba a dejar, pero se fueron conmigo los recuerdos en la maleta a Buenos Aires.

Llevaba conmigo un corazón extasiado, abrazaba unos deseos insaciables de conocer otra parte del mundo. Al llegar a Argentina yo solo volví a nacer y me juré crear mejores recuerdos.

***

Desde un 12 de agosto de 1996 el mundo sabe de mí. Guayaquil fue la tierra que me vio nacer, y la que añoro ahora que estoy lejos. Mi madre nació en otra provincia, un pequeño lugar que se llama Vinces, más conocido como París chiquito. Ella es una mujer pequeña de estatura y grande en convicciones que dejó su ciudad a los 13 años para mudarse donde nací yo. Esa edad en la familia es una llena de inquietudes.  En el camino tuvo muchos pesares y cuando fue mayor se formó como docente de Ciencias Naturales, y también cultivó la frase “Siempre tendré la razón”. Ella nunca admite que se equivoca, y siempre hice lo que le parecía correcto por miedo a no ser una buena hija. Cuando era pequeña le tenía miedo, siempre la veía molesta, pero ahora entiendo que hacía lo que creía correcto. Ella se hacía cargo de todo porque mi padre estaba ahogado en sorbos de alcohol o alguna nueva droga.  Mamá era muy conservadora, me hizo prometer que no tendría novios hasta los dieciocho años, que no debía tener amigos porque todos los hombres eran malos y solo querían tu cosita, así le decía a la vagina.

Por supuesto aterraba la idea de no saber en quién confiar, pero me lo puso fácil. Decidió inscribirme seis años en un colegio femenino, así estaría lejos de manoseos, o de rupturas amorosas esporádicas. Sin embargo llegué a pensar que no solo los hombres eran malos, sino las mujeres también y me dejó claro algo: la amistad no existe y llorar es de débiles.

Odiaba verme llorar si alguien me lastimaba. Quizá solo quería que nadie me haga daño, y por mucho tiempo llevé sus frases como un tatuaje en el pecho. 

***

Cuando tenía trece años la curiosidad estaba con llamas en mi interior. Veía a todas mis amigas hablar de sexualidad, fiestas, diversión y amigos. Mientras que yo no podía ni salir sola a la tienda que estaba en la esquina de la  casa. Hasta para pedir un permiso debía solicitarlo con un mes de anticipación y con altas probabilidades que la respuesta sea no. Y ese no, era un no rotundo, porque si insistía me regañaban. 

Ahora me pongo a pensar  ¿era bueno eso?, solía decirme que las hijas de Dios no debían juntarse con la gente del mundo. 

Me congrego desde los cinco años en una Iglesia cristiana. Ella en ese entonces no era una fiel seguidora, por eso me llevaba mi niñera. Mamá había deseado que nazca, solía contarme que me encomendó a Dios cuando no podía tener hijos. Esa historia la conocí después del primer intento de suicidio que tuve a los trece años. Para ese entonces pensaba que la madre estricta, conservadora y con ideas radicales que tenía no me quería. Después de tantos líos que según ella, propios de mi edad me dio más muestras de amor.

Un día, mientras arreglaba un viejo velador encontré un pilón de revistas y libros viejos, no eran libros como los de la biblioteca al estilo de enseñanza como anatomía, biología, literatura, apuntes de la universidad de mamá o ética, y buenos modales (libro que leí casi obligada), estos estaban cargados de historias. Era otro tipo de literatura, pero también había una más explícita. Como de costumbre limpié bien los lomos, luego la tapa, y uno de ellos se titulaba “Cómo hacerle el amor a un hombre”. Fue un curioso despertar.

Recuerdo que mi madre me había dicho que ella arreglaría eso y que lo dejara como está. Escondí el libro entre mis cosas.

Eran las 8 a.m. de un lunes del 2009, mi madre trabajaba cerca de casa y tenía que irse al trabajo, entonces yo me quedaba sola en casa para ir al colegio por la tarde. Apenas se fue saqué el libro y me quedé fascinada. El libro en cuestión no narraba a ciencia cierta cómo darle placer a un hombre, en lugar de ello mostraba cómo darse placer primero, siendo así la forma de conocerse y conectar con otra persona. Mi madre siempre me había dicho que debía guardarme hasta el matrimonio y que quienes se tocaban eran sucias. Así era su respuesta ante la masturbación. Y qué horror la cara que ponía cuando le hablaban de sexo oral. La autora del libro lo narraba  con mucho detalle, tanto detalle que meditaba en ciertas cosas que jamás hablaría con mi madre. Leí el libro varias veces, pero siempre dejaba de lado el capítulo de sexo oral, pensaba que con ver la cara de mi madre bastaba para tener asco.

Cuando lo leí no paré de llorar… me senté al filo de la cama, encogí mis piernas y me abracé tan fuerte para juntar mis partes rotas. Eran las 11 a.m. de un viernes, tenía que irme al colegio y me pesaba existir. Había descubierto que a mis siete años el hijo de mi niñera me obligó a que le haga sexo oral.

Ese viernes fui a bañarme al patio, y me recordé a mí a los siete años con dolor de estómago y vomitando. Recordé que ese individuo me había dicho que nadie me iba a creer si le decía a mi mamá. Mi cabeza empezaba a recordar tantas cosas, el agua se deslizaba por mi cuerpo y yo solo quería abrazarme y gritar. Quería gritar tan fuerte hasta vaciarme. Mi mente se quebró también y trajo todos los recuerdos de golpe. Veía escenas de mí implorando que me dejara, y me sentía con miedo. Recordaba la puerta café de esa habitación y los juguetes bien arreglados sobre la mesada y lo recordaba a él que por desgracia lo seguía viendo a diario cada que frecuentaba la casa de quien fue mi niñera. Incluso él solía ir a casa cuando estaba sola porque me calentaba el almuerzo.

Abandoné el libro entre una pila de revistas, y ese día fue la primera vez que llegué tarde al colegio. Siempre pensé que no tenía que ir a clases, pero mi mamá decía que aunque estemos arrastrándonos no podemos faltar a nuestras responsabilidades, y aún estaba bien, solo tenía la mente en otro lugar. En un pasado que pensaba que no era tan malo.

Después de ese día las cosas no fueron iguales. Tenía muchas pesadillas cada noche, se repetían una y otra vez. Amanecía gritando y llorando. Y mi ánimo flaqueaba mucho.

***

Llegaron los catorce años con la mente aún atormentada, empezaba a enamorarme y a salir a escondidas de mi mamá. Pero al final del día le terminaba contando porque me pesaban las mentiras y ella me daba largos regaños. Estando sobre esa edad pesaba el accidente de auto que había tenido, y las terapias físicas eran la compañía de mis tardes. Fue la primera vez que me deprimí  tanto que dolía vivir. Dolía saber que existía, y dolía más tener que guardar reposo por la medicación y encima soñar con mi pasado. Mamá siempre preguntaba qué me pasaba, y siempre pensó que eran cosas de la edad. Que solo llamaba la atención para que deje de trabajar, que ya se me iba a pasar. Pero, ¿cómo decirle que mi mente estaba atormentada por eso que tanto asco le daba? ¿Cómo decirle si ella quería tanto a ese tipo? ¿Cómo decirle sin que se enoje conmigo? ¿Cómo contarle mi dolor sin que le duela a ella?

¿Cómo decirle que no deseaba vivir?

A los quince años se lo dije. Un día en clases de anatomía descubrí que no podía más. La profesora empezó a hablar de sexo y cuando tocó el tema de sexo oral, tuve que pedir permiso para ir al baño a llorar. Había descubierto que estaba saturada.

Salí del colegio y todo el camino en el bus fueron lágrimas. Al llegar a casa vi a mi mamá lavando en el patio unos interiores a mano. La saludé, fui a sacarme el vestido que llevaba por uniforme, di un par de vueltas, y enseguida me senté en el umbral de la puerta mirándola. Ella sonreía y en mi cabeza intentaba ordenar las ideas. La planta de mango que estaba atrás de ella se movía con tanta intensidad que las hojas caían para que el gato pueda escarbar después, los pajaritos cantaban y se comían las cirguelas vecinas. El agua con jabón se deslizaba en el burro de lavar como le decíamos. Y mama tenía el pie izquierdo sobre el burro como si así fuera el equilibrio para lavar, y mientras restregaba las prendas movía su largo cabello ondulado mientras silbaba alguna canción. Esa tarde me vio muy silenciosa, siempre se ha jactado que hablo hasta por los codos, pero ese día estaba apagada, entonces se sentó junto a mí y me preguntó qué me había pasado. Suspiré hondo y le rememoré desde aquel día que estaba la casa en construcción. Aquel día llovioso que llegué con dolor de panza. Curiosamente lo recordó y le conté que ya sabía por qué el dolor de barriga.  Le conté que ya no quería ver más a Adrián, porque me había obligado a que le succionara el miembro. Llorando mencioné  que me sentía culpable y no sabía por qué. Mi madre lloró. Fue la primera vez que veía llorar a mi madre.

Me pidió disculpas y se sentía culpable por haberme dejado tanto tiempo sola. Esa tarde con el alrededor tan sereno fue la primera vez que lloré con mi madre. Y cada que recuerdo ese día es como tener marcada una postal en el corazón de nosotras abrazadas llorando, y después de ese día ella cambió. Fue más abierta al diálogo, consolaba mis noches de pesadillas, y nunca me obligó a ir al psicólogo. Nunca quise.

Creía que la escritura me salvaría, y ella creyó que tenía que acercarme más a Dios para que sane mi dolor. Y lo hice, lo seguí; pero la herida se abre cada tanto.

***

Siempre supe que me iría del país. No sabía cuándo, pero de alguna forma estaba escrito. Cuando lo supe hablé con la señora que fue mi niñera, y le conté lo que Adrián me hizo. Sus palabras fueron un puñal que me atravesó:

olvídalo. Ya pasará.

Él era un niño que no sabía lo que hacía. Así son los hombres.

Creo que nunca olvidaré esas palabras, ¿acaso debía ser que le dé placer a un tipo dieciséis cuando yo tenía siete?

Después de escucharla no supe si tener coraje o pena. Ella vive hasta hoy naturalizando el maltrato, los abusos, y justificando el machismo. Sus hijos la tratan mal y su esposo peor. Cada día para salir pinta sus cejas con mucha dedicación, ya no tiene vellos en esa zona porque su esposo cuando recién se juntaron la estrelló contra la pared.  Para ella así son los hombres y la mujer debe acatar todo lo que el marido diga. Escucharla es aterrador. En Ecuador escuchar muchas mujeres es doloroso. En la región Sierra tienen un dicho: Aunque mate o pegue maridito es.

Los datos de UNICEF  Ecuador mencionan que: de acuerdo a la Encuesta Nacional de Violencia de Género y la Agenda Nacional de las Mujeres e Igualdad de Género (2014-2017), 6 de cada 10 mujeres han sufrido algún tipo de violencia: psicológica, física, sexual y/o patrimonial; y 1 de cada 10 ha sufrido abuso sexual antes de cumplir los 18 años.

Recuerdo que antes de despedirme de ella me dijo que lo visitara en la cárcel y que le pidiera perdón por el rencor que le tenía. Que no debía irme así.

Estando a días de volar a Buenos Aires cuando me dijo eso empaqué ese mal recuerdo. Con los ojos llenos de lágrimas le dije bajito que esperaba más de ella. No olvidaré sus ojos marchitos, porque aunque me duela también la quiera. Ella estuvo en gran parte de mi infancia y tengo muchos recuerdos con ella. Más de una vez también presencié los golpes que le dieron y las veces que me abrazó para que no me asuste.

***

Tengo veintidós años y la herida nunca estuvo bien cerrada. Ya no vivo con mi madre y ahora mi esposo consuela esos días pesados. Hace dos años vivo en Buenos Aires, pero siento que no dejé nada en Guayaquil sino que traje todo conmigo. Y cuando vuelva todo seguirá así mismo. La única diferencia es que yo ya no soy la misma.

Por otra parte sigo rehusándome a ir con el psicólogo. He aplacado el dolor con cartas, escritos y poemas, muchos poemas  porque  de alguna manera me sigue pareciendo que no puede ser tan grave, pero ¿por qué duele tanto?

(…)

Y ahora solo recuerdo

que la bestia existió,

abusó de una niña de siete años,

y se marchó.

Ahora solo me da pena la niña

que es grande ya.

Y ahora solo sé,

que esa niña fui yo.

Y lloro, juro que lloro.

Porque todas mis bestias salieron

 al recordar que existió una de verdad.

He soltado los viejos poemas, dejando que el silencio me acompañe y trasmita calma, pero las lágrimas empiezan a rodar una vez más. La sutura nunca estuvo bien hecha y rebuscar entre los escombros aviva el dolor. Es 20 de noviembre son las 23 horas, suena una música cálida de Kurt – sonreír y yo no sé si la puerta del descubrimiento es la curiosidad o si realmente la curiosidad es un defecto.

Tampoco sé si quiero que siga doliendo.

Conóceme un poco. - Annette C.M, Diario de sentimientos

Mañana no sabré

Hoy pensaba en cómo me ha tratado este año y ha sido tan eterno que cuento los días para que se acaben , para que mi mente asimile que viene un año cargada de otras cosas.

Seguramente me he preguntado cuánto debe doler para estar bien, pero no lo sé.

Y ojalá lo descubra algún día.

Querida persona que me lees, gracias por acercarte y queridas personas que han seguido mis momentos de dolor, gracias por sus ánimos.

Este es el año que menos he actualizado el blog.

He llorado más de lo que he podido y me pesa tanto lo que he sentido, que estos últimos días trato de llevarlos con la mente en blanco.

Querida, Ann del futuro.

Este año ha sido muy difícil , pero estamos empezando diciembre y aún lo has tolerado.

Este año: te mudaste de casa y la adaptación te costó horrores, diste en adopción a Cuervo y sentiste que te rompiste un poco, luego se suicidó tu papá y no quedó igual tu mente ni corazón.

Querida, intentaste darte una oportunidad con el psicólogo, pero no resultó y lo abandonaste, enseguida llegaron las ideas suicidas y la autolesión. Pero a tiempo pudiste dar unos pasos atrás.

Mientras escribes esto estás equilibrada, pero hasta ahora no sabes cómo será el siguiente día.

Este año intentaste escribir más cosas de escritura creativa y desde agosto ha sido tu cable al mundillo que te gusta, pero también descubriste que la carrera elegida no es lo que esperabas y tu terquedad no te hacia abandonar, entonces agarraste lo que te dijo el psicólogo: No estaría mal que puedas volver a esos llamados sueños viejos, porque no hay sueños viejos. Entonces te anotaste a enfermería, espero que te vaya bien.

Y ojalá cuando leas esto hagas algo que te haga feliz. Este año también descubriste que tienes un trastorno de ansiedad y te agobiaste tanto con la universidad que colapsaste y terminaste en un rincón muy inestable y llorando como si te partías en mil pedazos. La universidad este año no pareció esa vía de escape, sino una tortura, todo el año en alguna materia tenía que ser sobre el suicidio y el tema te agobiaba, te dañaba, te mataba, una vez más.

Pero aquí estamos, aún de pie.

Cuando leas esto quiero que también recuerdes cosas buenas:

Estás en la marcha de lidiar con todo eso, siempre te apoyó tu pizca bella, y ha sido y es tu mayor contención. Aprendiste a encontrarte en los cambios, también llegó otra mascota a tu vida: Teemo. Empezaste a escribir sobre tu padre y ayudó a convivir con los recuerdos que te azotaban.

Salió la publicación de tu poemario y aunque no pudiste estar contenta al cien, sabías que querías que suceda. Participaste en una antología con Ediciones frutilla y a mucha gente le gustó.

Te revolvió la vida y la ilusión la idea de volver a estudiar algo de la carrera de salud. Encontraste más gente que te apoya, y que te aprecia.

Conociste libros que siempre deseaste encontrar y ahora no quieres que se terminen.

Hay días que eres muy feliz.

Ann, sigue luchando, por favor.

Hay mucho que recorrer, no te rindas ahora.

Si leíste esto,gracias ❤

Te invito a escribirte para un futuro.

Gracias por quedarte y leer. Es una entrada de qué y cómo me siento.

Les quiere, Annette

Conóceme un poco. - Annette C.M, Diaria - Annette C.M

Recuento de sentimientos

Haré un breve recuento por razones propias que necesito

Empiezo por el día de la imagen:

Ese día fui feliz.
Caminamos por una plaza con mi esposo y me sentía tan agradecida que mi corazón parecía explotar.

Los días bonitos reconfortan el alma. Te calman

Abrazan.

Y se disfruta tanto.

Se olía la manzana acaramelada y el algodón de azúcar


Lo cierto es que desearía tener más días así porque últimamente mis ánimos están desviándose. Parece que una ‘ansiedad’ abraza y pensamientos dañinos se apoderan de días que son bonitos.
Cada año hago un recuento al final para ver qué ha sucedido y lo cierto es que no sé si resistiré tantas emociones que explotan entre sí.
Han pasado varias cosas:
He publicado una obra y algunos creen que estoy saltando de emoción. Lo cierto es que no he podido todavía disfrutarlo, una parte de mí no se ha permitido saborearlo. Me llena el miedo de alguna forma.
Recuerdo que cuando vi la solapa de la biografía de autora, lloré. No podía reconocer que era yo. No recordaba cuándo dejé de sentir que esa persona que hizo esas cosas era yo.

De a poco vuelvo a conectarme conmigo.

Por otra parte mi corazón está muy triste y solo llora.
Algunos saben que mi padre falleció. ¿De qué?
Se suicidó.
¿Por qué?
Esa pregunta no tiene una respuesta de mi boca. Es difícil responder así.
Es difícil llevar un luto estando a kilómetros de distancia.
Es difícil saber que cuando vuelvas debes enfrentarte con aquella realidad que tienes presente pero a la vez distante.

¿Otro acontecimiento importante?
Me decidí por ir al psicólogo y creo que ligeramente también lo abandoné. Me enteré que tengo ansiedad y vaya solo escuché decirte ¿quién no la tiene?

¿Otro acontecimiento?
Pensé en matarme este año.
Colapsé.
Y las ideas toquetean cada tanto pero no les hago caso, pero están ahí.
Están ahí jodiendo mi mente y atormentando mis sentires.

Hay días que no sé quién soy y tengo miedo.
Miedo de hacerme daño.
Miedo de dejar a quiénes me quieren devastados.
Miedo a que estos sentimientos no cesen.
Y me esfuerzo,busco opciones, estoy tocando los días con el pensar de ‘solo hoy’
Estoy tratando de lidiar con estos sentimientos.
Estoy tratando de volver a conectar conmigo, de saber quién soy. De reconocer qué he hecho.
De saber que existo,que estoy aquí.
Que deseo seguir.

Esta entrada es para mí.
Necesito recordarme que saldré de esto y si no salgo quiero intentarlo las veces que sea necesario.

Ann, querida mía.
Estoy contigo.

Y si alguien lee esto, gracias.
Y pida para que mis emociones se ordenen.

Escribo esto con sabiendo que alguien más lo leerá, pero sé que este blog es mi casa. Y siempre vuelvo.

Sé que aquí puedo ser yo: feliz, triste, genuina,sincera, y devastada.

Seguramente luego me de vergüenza o no sé. Pero siempre juzgan a las personas que han pensando en matarse. Para muchos son : cobardes, valientes, insensibles o egoístas.

Cuando tu mente juega contigo es lo último en lo que piensas.

A veces solo se necesita un abrazo si no sabes cómo apoyar o decir algo.

Hay abrazos que son un refugio.

Los quiero,

Besos y abrazos

Annette C.M.

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El fin de la vida y el inicio para otros

Hoy respiro un olor nostálgico.

Respiramos tristeza, a veces.

Un olor que no comprendo.

Es un aroma de vacío; sin embargo… Feliz cumpleaños, papá.

Hay algo roto dentro de mí, y sé que desde tu partida hubo un click en mí.

Hoy no sé qué emociones darles, pero quiero ser sincera: Estoy triste.

Hoy seguramente en otra vida mi padre cumpliría un año más de vida, pero estamos acá. En todos lados deseándole feliz día. Un año de vida para otras y otro año para los recuerdos.

Conté por este medio que mi padre falleció, pero nunca pude verbalizar que se suicidó. Él buscó algún otro rumbo, que, para muchos cuesta asimilar. He pasado revuelta, aislada del blog, cuando ha sido mi aliado siempre, pero lo cierto es que ya no sé cómo dar buena emociones del día. No sé qué hay de bueno en mí para entregarles. Tuve una evaluación psicología hace poco y me mandaron varias sesiones. Me costó y me cuesta mucho la idea de ir. En la evaluación le dije a la Lcda que me cuesta mucho escribir estando triste, pero hoy creo que parte de las emociones son todas y lo cierto es que estoy “hecha mierda” como diría la gente. Me cuesta asimilar los días buenos, las ganas de vivir y me da vergüenza expresar esto, porque hay mucho prejuicio. La gente juzga, o piensan que no te puede pasar a ti, porque siempre estás “feliz”

Pero cansa, cansa mentir. Cansa tapar tanta falsa alegría, quiero sentirla de verdad.

Hoy no tengo mucho que darles. Esto es lo que hoy hay de mí. Lo que queda de mí y deseo que hayan cosas lindas.

No sé si es un post de ayuda, un post de desahogo, o un post demasiado sincero.

Solo quería decirle a mi viejo “Feliz cumpleaños” y terminé volcando lo muy afectada que sigo.

Pero ahora ,viejo. Así estamos, te quiero, te amo. Te dedico mil cartas ahora que no estás y ojalá algún día las cosas se vean distintas. Hasta entonces trato de convivir con tu recuerdo y esta herida.

Yo aún quiero sentir que estás. Quiero sentir que sigues aquí te veré. Me gustaría saber que volveré a verte. Te echo tanto de menos. Nos vemos, viejo. Cuídate.

Y a ustedes:

Les mando muchos abrazos, abrazotes.

Gracias por estar y por entender, y disculpen por lo que leen.

Se despide Anne,

hecha pedacitos y añicos .

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Cinco años de emociones

Hola, queridos vivos.

El 14 de agosto este blog cumplió cinco años, pero yo no pude dedicarle el día como debía.

Ha sido una semana de festejo en tal caso. El lunes 12 de agosto cumplí 23 años y desde ese día pensé en cómo abandoné el blog.

Pareciera que la mente se encargó de buscar pasatiempos por mi estado de ánimo. Lo último que conté por acá fue sobre la muerte de mi padre. Y desde ahí lidiar con todo lo que había en la cabeza fue un gran asunto.

Pasando de página quiero darle las gracias a quienes están por acá conociendo un poco de lo que comparto

Gracias por estos CINCO AÑOS de emociones

Cinco años de cambios, de vistas, de compañía.

Gracias por estar de alguna forma y por animarme.

Feliz cumpleaños, Emociones del día.

Nunca me olvido de ti porque llegaste a mí cuando más quería revivir.

Besos gigantes

Apapachos gigantes y nos leemos muy pronto ❤

Con amor,

una renovada Annette.

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He vuelto en pedazos

Hola, ¿se acuerdan de mí?

Soy Annette, un poco rota escribiendo estas líneas.

Puedo decir que no estoy bien del todo.

Ha sido un año duro, un inicio con muchas pruebas y dolor.

Y en resumen todo ha sido un remolino: me mudé lejos y dejamos muchas historias en la antigua casa. Pero también en el camino dimos en adopción a nuestro perro porque por más que lo intentamos fue difícil alquilar un lugar que nos acepten con perro, con las justas nos dejaron con la gata. Fue horrible, difícil decidir, pero estábamos en un momento entre la espada y la pared. Y lo lloramos mares, lloramos tener que decidir.  Ahora sabemos que está con una familia que tiene casa propia y corretea en su inmenso patio. Cuervo precioso, te echamos de menos.

Después cuando el dolor parecía irse, me enteré que mi padre murió. Sigo llorando mares.

Sigo llorándolo y sigo preguntándome por qué ha sido un inicio así. Y lloro, me duele.

Y me pregunto a diario cuánto tiempo tomará el duelo. Estoy ida todavía, sin creérmelo, sin querer aceptarlo del todo.

Tengo los pedacitos de mi corazón destrozados y solo espero el día de la calma. Pero el duelo se lleva una parte de ti, los recuerdos se vuelcan sobre ti como si un huracán te revolcara.

Ha dolido.

Y duele.

La universidad está siendo difícil de lidiarla, cuando se tiene la cabeza en cualquier lado es más difícil.

Pero aquí estamos, aprendiendo a vivir el duelo.

Aprendiendo a vivir con los recuerdos que te arrastran al llanto.

Aprendiendo a levantar una vez más.

Aprendiendo a que si duele, debe dejarse doler…

Que si hay que llorar, se debe llorar.

Aprendiendo que hay muchas etapas en la vida, y estoy en una de ellas.

Aprendiendo que hay años llenos de luz y otros llenos de pruebas.

Estoy aquí aprendiendo a llevar el dolor y dejando que duela, pero hay días que duele mucho más.

Y aquí estoy, volviendo para decirles que sea cual sea la etapa que estés pasando, la lleves con paciencia. Sé paciente, intenta despejar de a poco, no desesperes.

No te presiones por sonreír, date tu tiempo. Conéctate contigo.

Aprende a dejar que duela, y levanta una vez  más.

Y si tienes un consejo para mí o una palabra de ánimo, es más que bienvenida.

Gracias por estar aquí, y por quedarte y por volver cada que vuelvo.

Con cariño una Annette un poco triste.

Apapachos ❤

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Autobiografía

(Quiero compartirles esta autobiografía que hice para mi clase de escritura. Pensé que no podría escribir algo de ese estilo y creo que no resultó tan mal)

38698748_709418502725429_8684199413226143744_nMi nombre es Annette Analí Caicedo Mora, nací una tarde fría de agosto de 1996, en Guayaquil, Ecuador.

A pesar de no tener tantos años encima, siempre hago alusión a una vejez que para muchos no poseo, por lo tanto piensan que es una  forma exagerada de ver las cosas, pero siempre sentí los años pasar muy deprisa sobre mí, creo también que mi infancia fue como una entropía; sin embargo los recuerdos me gritan mejores momentos. Resido hace casi dos años en  Buenos Aires, Argentina con mi esposo y dos mascotas, viviendo un día a la vez para que todo lo construido se intensifique cada segundo. Sigue leyendo “Autobiografía”

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4 años y contando

Hola,¿cómo están?

Espero que bien,hoy quería compartir con ustedes estos cuatro años en el blog, he tenido días en idas y vueltas, no he tenido el tiempo necesario para dedicarme a postear, pero agradezco enormemente a los que están y se quedan.

Gracias también a los que dos días atrás me felicitaron por mi cumpleaños, me hace ilusión que todo sea tan juntito porque me recuerdo porqué inicié y cundo deseaba compartir una parte de mí, lo que escribo, pienso, lo que vivo, lo que pasa por esta mente.

 

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En estos cuatro años han pasado por este blog

34,220 curiosos,

una locura para mí, siempre pensé que quedaría sola por estos lares, y quizá no estoy tan sola.

GRACIAS POR TANTO

Gracias por dejar

huellas en mí,

por cubrirme mientras

puedes,

por dejarme que los mire,

por abrazarme con cada

gesto.

Gracias por dejarme en sus vidas,

por quedarse en la mía,

gracias por tanto.

Gracias por este

cuarto año lleno de todos.

 

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Feliz cumpleaños, Emociones del día 

 

 

Ustedes son lo mejor que me ha pasado, los aprecio mucho, queridos míos.

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Cumpleaños feliz

22.
Todos esperamos cada año hasta enero para hacer planes como una cuenta regresiva;pero creo que la cuenta empieza cuando cumples años,o al menos la primera.
Creo que ahora mismo empieza mi año nuevo con estos veintidós encima,que huelen a cerca de medio siglo.

 

Ya son veintidós, gracias a Dios.

 

 

 

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Atesorar pase lo que pase

He perdido a lo largo de la vida a gente por mis convicciones, ideales, moral, valores religiosos o como quieran ser llamado.

Pero también hay gente me ama tal cual y respeta todo eso.

Hoy me duele el corazón de todas las personas que he apreciado y se han ido.

Hoy me pesa el ser de saber que sigo depositando lo que puedo de mí y no hay más caso…

Y hoy he comprendido que estoy llena de cicatrices, pero quiero seguir conociéndome y conociendo gente. Sigue leyendo “Atesorar pase lo que pase”